Uno de los errores que suelen cometer algunos estudiantes es abordar la tarea de estudio sin planificación. Es frecuente proceder del siguiente modo: hacer los deberes en ocasiones y dejar el estudio para los días previos a los exámenes. Recordemos que un objetivo de esta guía es conseguir adecuados hábitos de estudio. Para contribuir a ello, el estudiante tiene que aprender a planificar su tiempo de trabajo y hacer un reparto racional de las actividades que debe realizar. Es uno de los aspectos más difíciles de cumplir pero, es sin duda, una de las claves de excelentes resultados.
Planificar el estudio adecuadamente proporciona algunos beneficios:
- Crear un hábito de trabajo
- Asegura un control diario del rendimiento
- Ahorra tiempo y energía
- Racionaliza la cantidad de tiempo dedicado al estudio y al resto de tareas diarias
- Evita las empolladas de última hora
- Debe ser operativa. La planificación debe hacerse de forma concreta y útil; por ejemplo "hacer los problemas de física", "leer los apuntes de matemáticas", etc.
- Debe tener en cuenta el conjunto de actividades que se realizan en un día y distribuir el tiempo que se debe dedicar a cada una de ellas.
- Debe plasmarse por escrito de modo que obligue a cumplir los compromisos marcados.
- Debe ajustarse a las necesidades del estudiante. Cada persona requiere diferentes tiempos para realizar diferentes tareas, o prefiere realizarlas en horarios que se ajusten a sus gustos personales.
- Debe dejar tiempo para el descanso. El descanso también es necesario para mejorar el rendimiento. Aunque hay que tener en cuenta que descansar no es sinónimo de "no hacer nada", se puede entender por descanso el tiempo que se dedica a hacer deporte, leer, charlar, etc.
- Debe considerar el número de asignaturas y la dificultad que presentan así como los objetivos que se pretenden en cada una de ellas.
(López, Moreno, Vaello y Valero, Cómo estudiar con eficacia, Universidad Miguel Hernandez de Elche, 2006).

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