No quiero estar en guerra. La declare Aznar o Zapatero. ¿Dónde están ahora los que hace siete años alardeaban de pacifismo?. Calles y plazas están vacías. ¿Es que alguien se cree que el ataque en Irak se hizo por el petróleo y éste de Libia por simples razones humanitarias?.
Es verdad, ahora hay una resolución de la ONU. Pero sólo de su Consejo de Seguridad y con abstenciones tan importantes como Alemania o Rusia. Sin insistir en que, por ejemplo, con refrendo de la ONU comenzó la intervención en Vietnam o se creó el Estado de Israel.
Hace tan sólo cuatro días el G-8 decidía no intervenir. ¿Qué ha pasado desde entonces? ¿Ha tenido Fukushima que recordar nuestra dependencia del crudo libio?
Añadiré tan sólo que para apreciar grandes diferencias entre Sadam Hussein y Gadafi se precisa una finura de paladar de la que, al parecer, carezco. Y que hoy, como ayer, me opongo a que mi gobierno me meta en guerras, y sin consulta previa.
Dios mío, ¡cuánto cínico!, ¡cuánto intransigente!... ¡cuánto idiota!.






